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La tecnología no es un modelo de negocio, es EL modelo de negocio

A diferencia de modelo real, en el ecosistema Blockchain el código actúa como elemento modulador del comportamiento de los usuarios.

Ya lo predijo Lawrence Lessig, la interacción entre el comercio y el Gobierno cambiaría la arquitectura de Internet, porque como también afirmaron Dale y Rees-Mogg en “The Sovereign Individual”, cuando la  tecnología convierte las “formas actuales” de hacer operaciones  económicas en “viejas”, es inevitable que gradualmente se instale en la conciencia social una idea de cambio.  

Mientras que los Gobiernos regulan a través de un modelo de “amenaza de  castigo” o violencia, en donde se crea el incentivo para los ciudadanos de  que obedezcan la Ley, en el ecosistema Blockchain, y precisamente por el uso de los Contratos Inteligentes, esta regulabilidad se materializa de forma distinta. En este contexto concreto de una Blockchain pública y abierta, la  norma o condición que se espera que un usuario respete o cumpla no encuentra su fuerza en la amenaza de posibles consecuencias previstas en un ordenamiento jurídico en caso de no hacerlo, sino que la norma se aplica físicamente al mismo. Es decir, que mientras que en el mundo real una puerta cerrada puede abrirse, bajo amenaza de incurrir un delito castigado con penas de prisión, en la cadena de bloques, así como en el ciberespacio, la puerta es simplemente inaccesible. No tiene cerradura que atacar. 

En definitiva, la libertad del individuo para decidir sobre su actuación se constriñe y elimina por el código informático que da arquitectura a un software determinado.  

Es importante entender este aspecto de las cadenas de bloques públicas,  suficientemente descentralizadas pues su arquitectura determina las características especiales del enforcement de las normas establecidas, que  pueden ser, o no, acordes con un sistema legislativo vigente. No obstante, este dilema no es nuevo. Lo mismo sucedió con la llegada de Internet a nuestras vidas, y la idea de que lo que sucedía en la Red no podía ser afectado ni modulado por las “Leyes” establecidas por los Gobiernos. Hoy en día tenemos un sistema de Internet absolutamente regulado.

La importancia de la arquitectura en los ciberespacios, y la  regulabilidad de las blockchain públicas

En aquellos ciberespacios en los que la Comunidad no tiene la capacidad de imponer el cumplimiento de las normas, que suele ser la mayoría, estas se suplementan bien a través de código, o de la influencia de determinados  individuos.  

Internet en su día, o Blockchain actualmente, tiene menos características inmutables de lo que muchos se imaginan. Su naturaleza, y por ende su inmutabilidad, dependen en gran parte de su propia arquitectura, y ésta al  estar diseñada y programada, puede modificarse en cualquier momento.  

Muchos han reclamado en los últimos años (y aun lo hacen), que las Blockchains Públicas son como en su día Internet lo parecía, ecosistemas naturalmente descentralizados y globales, no sujetos ni vinculados con la  regulación emanada de los Estados. Incluso hemos tenido la oportunidad de presenciar en directo debates entre figuras muy representativas del  entorno “crypto” sobre la legitimación sustantiva de lo que llaman sus propios “sistemas legales” y de los que posteriormente se darán ejemplos concretos.  

La idea que parece haberse instalado en muchos usuarios de esta tecnología es que la Blockchain no es “gobernable”, en el sentido de que los Estados no pueden influir en lo que sucede en ese “ciberespacio” a través de sus “tradicionales” sistemas legislativos y sus métodos de imposición coercitiva. Sin embargo, no hay que olvidar que en definitiva, lo que existe en el núcleo de una Blockchain como arquitectura de base, es código, y que este es plástico y modulable.  

Es precisamente el uso de ese código como instrumento coercitivo del  comportamiento de los usuarios lo que viene embebido en la arquitectura  de, por ejemplo, Ethereum. Regresando al ejemplo anterior, en Ethereum si una puerta está cerrada, no hay posibilidad de abrirla. Está programada para  que no tenga ni siquiera pomo. Así es como el sistema asienta las normas, y las acciones que pueden o no, hacerse. Pero además, también condiciona el “mundo” que puede constituirse por encima, pues las aplicaciones descentralizadas que se despliegan sobre Ethereum necesariamente beben  de la arquitectura de éste. 

Por eso muchos autores, e incluso los propios programadores hablan de “Regulación por Código”, o de “el Código es Ley”. Y es cierto que dentro de los sistemas como Ethereum o Bitcoin, Blockchains abiertas y no permisionadas, el código actúa como elemento modulador del comportamiento de los usuarios, es decir, que cumple una función parecida a la de la propia Ley con la diferencia de que los sistemas legislativos son “expost” (actúan después de producida una actuación específica), y éstos lo hacen ”exante”, pues ni siquiera dan la oportunidad de incumplir.  

Cuando este código, además, va en consonancia con el marco regulatorio  de una jurisdicción, este tipo de protocolos, o los modelos de negocio que  se desarrollan por encima, se hacen inatacables. En ATH21 creemos en esta unión, como el mecanismo más potente de cambio, y trabajamos para seguir materializándolo.

Cristina Carrascosa

 

Artículo escrito por:

Cristina Carrascosa – Socia fundadora de ATH21

cristina@ath21.com

 

 

 

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